Álbum

Nueve canciones de amor y una de esperanza, de Elefantes

‘Recuerdo cuando te vi por primera vez, no podía creer lo que estaba sintiendo…’. Elefantes, en la figura de Juan Manuel Álvarez – Shuarma para los amigos – comienza “Nueve canciones de amor y una de esperanza” una vez más con declaraciones sencillas y directas, cantando las historias de amor desde la más sencilla.

Sin miedo a parecer cursis titulan su primer tema con un claro “Que todo el mundo sepa que te quiero”, y es que en Elefantes no existe el postureo romantico. Ellos son así, ni lo niegan, ni lo esconden. No es una cuestión de modas o de búsqueda de emoción, es sencillamente su forma de ver la música, su forma de emocionarse a sí mismos y a su público sin complejos; y lo mejor es que es lo que les funciona. Ahí está el tercer tema “Duele” a dúo con Bunbury (con quien ya colaboro en múltiples ocasiones, como el inolvidable Bushido), o el cuarto “Te quiero” a tres manos con Sidonie y Love of Lesbian. No es este un disco para pusilánimes y acomplejados con las palabras bonitas, las declaraciones de amor y las emociones a las claras: esto no es para ellos, inevitablemente “Nueve canciones…” les superaría.

Alguien debe agradecer a Shuarma y compañía la recuperación de la fusión flamenca – aunque en este caso no sea fusión y más bien sea un deje – que dejaron a un lado en su anterior album Rinoceronte, uno de los mayores aciertos de “Oigos tus pasos” o “No me amenaces”. La rumba-rock siempre fue un buen punto a favor, aunque con temas como “Volvió la luz” no se echa de menos, hay que reconocerlo.

Y finalmente, voy a ser claro: con Elefantes, desde siempre, ha habido esa suerte de posicionamiento; hay quien los odia y quien los ama como si fueran su pequeño refugio durante la tormenta. Y es que el grupo no es de esos que cambian de estilo o buscan una evolución en su carrera, lo que hacen está claro y les gusta. Y gusta a muchos, con eso basta.

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