Álbum

Album: Whatever people say I am, that’s what I’m not, de Arctic Monkeys

Los comienzos de ciertos grupos son terribles. Aterrizan como un vendaval y dan la vuelta a los barcos de todos los puertos donde se acercan, dejando tras de sí ganas de más.

En Enero de 2006, ocurrió algo parecido con un grupo llegado para romper esquemas y sacar a relucir nuevas ideas, nuevos sonidos. Arctic Monkeys, de la mano de Domino Records, llegó desde el Reino Unido a todas las costas que pudo, vendiendo más de 350.000 copias tan solo en su primera semana.

Es cierto que ya se les conocía, claro: singles, temas en radio, conciertos a puñados y una fama bien merecida les acunaban en su primera aventura de largo recorrido. Y lo hicieron a su manera, está claro. Volvieron loco al productor, al equipo de sonido del estudio, a la discográfica y posiblemente a cualquiera que andase cerca. Digamos que querían algo muy claro, muy concreto y específico, que no permitía ningún margen de error o cambio. En sus cabezas el disco se dibujaba con tanto detalle que tenía que plasmarse tal cómo lo veían.

Incluso el orden de los temas, pensados para contar una historia detallada en torno a la película “Saturday Night and Sunday Morning”, una película de los años 60 que atraía al grupo desde hacía años, y en el que estaban decididos a basar su primer album.

Realmente, canciones como “I bet you look good on the dancefloor” (el primer single) o “When the sun goes down” son un fiel reflejo de su determinación, de su ansia por controlar cada detalle y conseguir ese final perfecto y, en su interior, delicado. Un equilibrio perfecto que auguraba una gran carrera.

 

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