
Manolo García

Arena en los bolsillos (1998)
Hay algunos autores que se encasillan demasiado en un estilo y sufren el riesgo de que todas sus canciones suenen de la misma manera. Es este, a mi modo de ver, el lastre con el que carga Manolo García en sus últimos trabajos porque, no se a vosotros, pero a mi desde hace algunos años todo lo que hace me suena un poco a lo mismo. No quiero decir que su música sea mala, pero si que la catalogaría como demasiado repetitiva. Sin embargo, y haciendo mención de la frase “cualquier tiempo pasado fue mejor”, hoy os voy a hablar de este gran artista. Y es que podriamos hablar de su vena artística bifurcando esta en dos ramas: la de la pintura y la musical. Hoy, y presumiblemente dada la temática de este blog, nos ocuparemos de la segunda.
Podríamos decir que su carrera musical se inicio en algunas bandas locales, dónde alternó como batería y vocalista. Durante esta primera etapa que discurría cuando a penas tenía las dos décadas de edad, se conoce que trabajó en una discográfica de dudosa legalidad, la cual se dedicaba a versionar (a.k.a. plagiar) álbumes de artistas nacionales de éxito. También ejercía de diseñador gráfico realizando las caratulas para los casetes que publicaba esta discográfica.
Sus primeros contratos discográficos llegaron como miembro de Los Rápidos y mas tarde de Los Burros. Pero no fue hasta su periodo en El Último de la Fila (una de nuestras cuentas pendientes, más habiendo sido sugerida por varios lectores… pronto les dedicaremos un artículo), banda formada junto a Quimi Portet, cuando obtuviera el éxito comercial. Tras 14 años en los que publicaron 7 trabajos de estudio, ambos decidieron iniciar sus carreras en solitario porque, según ellos, ya habían dado todo lo que podían dar de si juntos. Manolo comenzó entonces a caminar en solitario.
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